5 razones por las que solo la imaginación puede salvarte

 

Al igual que los jóvenes estudiantes se debaten entre letras y números, la sociedad se divide en dos tipos de personas: las comunes y las particulares. Generalmente, cada uno de nosotros tendemos a contemplar nuestro propio yo congénito como único e irrepetible. Y, si bien es cierto que cada individuo es distinto a otro, no es menos evidente que algunos llegan a diferenciarse aún más, hasta escapar de la generalidad y adentrarse en un estrato de singularidad minoritario gracias, en gran medida, a su imaginación.

Normalmente, asociamos a la mayoría con lo común y a la minoría con lo particular. Pero, ¿puede una persona común y corriente ser imaginativa? Por supuesto, no importa que seas de letras o de números, un afamado escritor o un empresario de éxito, camarero, científico, corredor de apuestas, rockero o banquero. Da igual. La imaginación está activa tanto en el pensamiento abstracto o inventivo como en el lógico o racional. Pero eso sí, solo la imaginación estimulada constantemente puede salvarte de episodios convencionales y fútiles, ofrecerte soluciones originales y lanzarte al paradigma emocionante del hallazgo, la novedad y las experiencias más fascinantes.

La imaginación se busca

Seas quién seas, te dediques a lo que te dediques, deberías trabajar tu imaginación. Existen muchísimas formas de hacerlo; devorar libros, viajar, apreciar la soledad reflexiva, nutrirse constantemente de nuevos conocimientos etc. Obviamente, como pasa con otras habilidades, cada persona nace con una mayor o menor capacidad imaginativa congénita. Pero ésta solo es útil cuando se logra estimular en el desarrollo vital a través de la curiosidad. Por ello la educación es un factor importante, aunque nunca determinante. La aptitud inventiva es capaz de generar nuevas inquietudes que pueden llegar a voltear tu vida por completo.

Ser peculiar no implica albergar imaginación

Como comentábamos antes, la habilidad mental de generar realidades virtuales o inexistentes, se origina tanto en personas tendentes a pensar de forma conceptual como en personas que lo hacen de forma lógica. Quizás este sea el motivo por el que la sobriedad de Steve Jobs y la extravagancia de David Bowie albergaban un volumen similar de imaginación. Vamos, que un tipo corriente y sereno, de sociabilidad introvertida y apariencia desapercibida, puede atesorar en su interior un ingenio explosivo igual o mayor al de cualquier tipo peculiar. Así que no desistas, usar tu imaginación te llevará muy lejos, aunque tu vida no esté estrechamente relacionada con el mundo artístico o creativo.

Romper los esquemas

Todos poseemos un intelecto imaginativo, pero son solo unos pocos los que verdaderamente lo potencian para traspasar los límites de lo establecido, rompiendo esquemas y realidades aparentemente inamovibles. No obstante, a veces, les dificultamos el camino al percibirlos como individuos extraños, frikis o raros. En ocasiones incluso peyorativamente. Pero esto solo ocurre porque la actividad imaginativa de la mayoría dificilmente llega a concebir la existencia de otras perspectivas excepcionales que estén más allá de la aparente realidad que les rodea. Por esta razón, excitar la imaginación te ayudará a romper las cadenas de los prejuicios y estigmas sociales y liberarte del establishment.

Capacidad sorpresiva

La imaginación se basa en la memoria y es inherente al ser humano. Se trata de un proceso psicológico en el que nuestro cerebro utiliza información generada intrínsecamente, sensorial y emocional, para crear representaciones mentales. Explicado así, incluso podríamos comparar este procedimiento con el mundo onírico. En cualquier caso, nuestra mente CREA. Y una mente estimulada es una quimera de originalidad capaz de generar ideas extraordinarias y sorpresivas. Y eso no solo es valioso para solventar situaciones difíciles, sino para mirar más allá del horizonte y hallar la emoción vital de lo novedoso.

La insaciabilidad de la imaginación

Las personas imaginativas tienen más preguntas que respuestas. Sus inquietudes vitales nunca se resuelven, pues al mismo tiempo que van resolviendo sus preocupaciones, aumentan proporcionalmente sus ambiciones. Es algo así como la pescadilla que se muerde la cola; un paradigma cíclico consustancial a la creatividad. Muchos genios singulares han convivido con este desasosiego a lo largo de sus vidas. Una insaciabilidad que emana de las dudas que les genera la realidad dominante y la consecuente necesidad de buscar más allá, explorar otras realidades, imaginar otros mundos y huir de la insipidez que supone lo socialmente aceptado. Porque al final, la imaginación no es más que un salvoconducto para esquivar la realidad. Solo la imaginación puede salvarte.