Al igual que los jóvenes estudiantes se debaten entre letras y números, la sociedad se divide en dos tipos de personas: las comunes y las particulares. Generalmente, cada uno de nosotros tendemos a contemplar nuestro propio yo congénito como único e irrepetible. Y, si bien es cierto que cada individuo es distinto a otro, no es menos evidente que algunos llegan a diferenciarse aún más, hasta escapar de la generalidad y adentrarse en un estrato de singularidad minoritario...